29 de enero de 2026 – HOMEWOOD, Alabama – Agencias.
Jenna Dorlon navegaba por Instagram cuando se detuvo ante un colorido anuncio de Tin Can.
“Me pareció muy interesante, así que hice clic, leí sobre el tema y me di cuenta de que esta era la solución a muchos de mis problemas”.
Sin embargo, con esa solución surgió un problema nuevo, sencillo pero curioso: explicarle a sus hijas de 8 y 6 años por qué su nuevo teléfono tenía un cable y estaba enchufado a la pared.
“Cuando lo vieron, preguntaron: ‘¿Qué es esto?'”, cuenta Dorlon entre risas.
Una respuesta de la vieja escuela para un desafío moderno
La idea se le ocurrió a Chet Kittleson mientras hablaba con otros padres sobre cómo gestionar la vida social de sus hijos.
“En ese momento hice la conexión… Fue un pensamiento espontáneo. Cuando éramos niños, el teléfono fijo era nuestra primera red social. Los niños de hoy no tienen eso”, explica Kittleson, director general y cofundador de Tin Can.
En 1990, el 95% de los estadounidenses tenía teléfono fijo. Hoy, según datos federales, solo el 13% de los hogares con niños dispone de uno.
“Como sociedad avanzamos, está en nuestra naturaleza”, afirma Kittleson. “Muchas veces el progreso es muy bueno. Otras veces no lo es, y creo que en el caso de abandonar el teléfono fijo, dejamos atrás algo realmente mágico”.
Esa pérdida se hizo más evidente para Kittleson tras leer La generación ansiosa de Jonathan Haidt, que sugiere que una infancia basada en el uso del teléfono afecta al desarrollo social y neurológico, y vincula las redes sociales con el aumento de la depresión y la ansiedad en adolescentes.
Kittleson y su socio crearon el primer prototipo de Tin Can con un teléfono viejo de una tienda de segunda mano y una computadora portátil. En menos de 14 meses, estos teléfonos ya suenan en decenas de miles de hogares en todo EE. UU.
El movimiento “Low-Tech”
Han pasado casi 20 años desde que Steve Jobs anunció el primer iPhone. Irónicamente, Jobs limitaba el uso de tecnología en su propia casa. En 2024, el 80% de los padres encuestados por Common Sense Media expresaron preocupación por el impacto de las pantallas.
Jonathan Haidt señala en sus investigaciones que los niños de la Generación Z no están desesperados por las redes sociales, sino por no sentirse excluidos. “Si todos están ahí, sienten que ellos también deben estarlo”.
Esta preocupación llevó a Holly Moscatiello a crear The Balance Project en Nueva Jersey, una iniciativa que ya está en 170 comunidades y que fomenta el juego en el “mundo real”, como clases de carpintería o pesca. Moscatiello ha visto el impacto: más niños en bicicleta y más familias retrasando la entrega del primer smartphone hasta después de la escuela primaria.
Un juego de teléfono con un mensaje claro
Para madres como Caylen Bean, el Tin Can ofrece una independencia segura. “Mi hijo de 9 años cree que está listo para un móvil, pero si hay otra forma de resolver esto y que se sienta conectado antes de tener un smartphone, vamos a seguir intentándolo”.
Shelley Grissom, que compró uno para su hija de segundo grado, añade: “Queremos que tengan la experiencia que tuvimos nosotros. Que llamen a un amigo y aprendan a hablar con un par, tal como nos enseñaron a nosotros”.
¿Cómo funciona? El Tin Can funciona con Wi-Fi. Cada llamada entrante o saliente debe ser aprobada por los padres a través de una aplicación. Las llamadas entre dispositivos Tin Can son gratuitas, aunque se requiere un plan para llamar a números externos, como el móvil de un padre.
Para las niñas, como Olivia y Evelyn, el teléfono ha simplificado sus juegos. “Es divertido porque ahora no tengo que preguntarle a mi mamá si puedo llamar para organizar una cita de juegos”, dice Olivia.
Al final, este grupo de madres en Homewood reflexiona sobre el cambio. Grissom nota que sus hijas pasan más tiempo al aire libre y menos distraídas con aplicaciones o vídeos de YouTube.
“Es curioso cómo el mundo ha avanzado tanto que estamos aquí sentadas hablando de ponerles un teléfono fijo a nuestros hijos”, comenta una de las presentes.
“Sí”, responde Bean con una sonrisa. “Estamos retrocediendo. Y lo hacemos felices”.
































