30 de enero de 2026 – Salud – Agencias.
Diversas investigaciones sobre la integridad de los productos alimenticios han puesto al descubierto una realidad alarmante: cerca del 76% de la miel que se vende en establecimientos comerciales ha sido adulterada o sometida a procesos de ultrafiltración que eliminan sus componentes naturales.
En una gran cantidad de productos, lo que se comercializa como miel es en realidad una mezcla de jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, acompañada de aditivos químicos. Este procesamiento elimina el polen, que es el elemento biológico fundamental para rastrear la procedencia del producto y confirmar que es legítimo.
La miel pura es una sustancia extraordinaria que destaca por su riqueza en enzimas, antioxidantes y facultades antibacterianas. Sin embargo, cuando este alimento se diluye con azúcares industriales o se procesa de forma agresiva, la mayoría de estos beneficios para la salud desaparecen por completo.
A pesar de estas cifras, es fundamental precisar que existen productores responsables que mantienen estándares de honestidad. El conflicto principal reside en que las etiquetas suelen ser confusas, dificultando que el cliente común logre diferenciar un producto auténtico de uno artificial.
Esta situación evidencia un problema profundo en la cadena de suministro global. Se hace necesario que los consumidores sean más críticos con lo que adquieren y que se exija una transparencia real a las empresas para garantizar la calidad de lo que llega a nuestra mesa.
































