18 de febrero de 2026 – Sídney (Australia) – EFE.
Un ciudadano australiano de sesenta y un años ha recibido una sentencia sin precedentes de ocho años de cárcel en Sídney por liderar una red de tráfico ilegal de fauna silvestre. La condena impuesta por el Tribunal de Distrito de Nueva Gales del Sur marca un hito en la justicia ambiental del país al ser la pena más alta registrada para este tipo de delitos. El Ministerio de Medioambiente informó que el acusado ocultaba reptiles nativos en envases de comida comunes, como bolsas de palomitas de maíz y latas de galletas, para enviarlos ilícitamente a mercados internacionales en Asia y Europa.
La investigación reveló que el contrabandista operó entre los años dos mil dieciocho y dos mil veintitrés, intentando exportar especímenes protegidos a destinos como Hong Kong, Corea del Sur, Rumanía y Sri Lanka. Durante este periodo, el delincuente envió al menos quince paquetes que fueron interceptados por las autoridades aduaneras. La sentencia incluye un tiempo mínimo de cumplimiento efectivo de cinco años y cuatro meses de prisión, lo que refuerza la postura del sistema judicial australiano frente a la explotación comercial de su biodiversidad única.
El operativo de rescate permitió recuperar ciento un reptiles vivos que se encontraban atrapados en condiciones deplorables dentro de los paquetes postales. Además, tras realizar registros exhaustivos con el apoyo de la policía local, los investigadores lograron incautar cientos de animales adicionales destinados al mercado negro. Esta red criminal, que contaba con otros tres integrantes también condenados, utilizaba métodos crueles de transporte, envolviendo a los ejemplares en bolsas de algodón para inmovilizarlos y evitar que fueran detectados por los controles de seguridad.
Entre las especies más cotizadas que formaban parte del cargamento se encontraban los lagartos de lengua azul, los conocidos dragones barbudos y los eslizones de cola corta. Estos animales son altamente valorados en el coleccionismo internacional por sus características exóticas y su origen endémico. El uso de recipientes de consumo cotidiano para esconder fauna viva no solo representa un delito de contrabando, sino que constituye un acto de crueldad animal extremo que pone en riesgo la supervivencia de los ejemplares durante los largos trayectos de exportación.
Las autoridades de protección ambiental subrayaron que el comercio ilícito de especies nativas genera un impacto devastador en los ecosistemas locales y la biodiversidad del continente. Bajo la legislación vigente en Australia, la exportación de fauna protegida sin los permisos correspondientes puede acarrear multas superiores a los trescientos mil dólares australianos y penas de hasta una década de prisión. Esta sentencia histórica busca desincentivar a las organizaciones criminales que intentan lucrarse con el patrimonio natural mediante un castigo ejemplar y riguroso.
Para terminar, el gobierno australiano reafirmó su compromiso con el estricto marco legal diseñado para salvaguardar sus recursos naturales y programas de conservación. Australia es reconocida mundialmente por su vasta diversidad biológica y sus esfuerzos constantes por proteger hábitats vulnerables. El mensaje enviado por los tribunales es contundente para cualquier individuo que busque vulnerar las leyes ambientales, dejando claro que la protección de la fauna nativa es una prioridad de seguridad nacional que será defendida con todos los recursos del estado.






























