16 de marzo de 2026 – Salud – EFE.
Un extenso análisis de la literatura científica actual ha puesto en duda la utilidad del cannabis medicinal para tratar trastornos comunes como la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático. Esta investigación sistemática, que abarca datos recopilados globalmente durante décadas, no halló pruebas sólidas que respalden el uso de cannabinoides como una solución eficaz para estas condiciones psicológicas específicas. Los expertos responsables del estudio sugieren que las aprobaciones actuales para estos usos médicos carecen de una base científica rigurosa que garantice la recuperación de los pacientes.
El estudio advierte que el uso frecuente de estos productos podría ser contraproducente para el bienestar mental de los usuarios a largo plazo. Al optar por esta alternativa sin respaldo claro, las personas corren el riesgo de agravar sus síntomas, enfrentar episodios psicóticos o desarrollar una dependencia a la sustancia. Además, el empleo de cannabis para estas afecciones suele retrasar el inicio de tratamientos psicológicos o farmacológicos que sí han demostrado ser seguros y eficientes en entornos clínicos controlados.
Aunque los investigadores identificaron beneficios potenciales en áreas muy específicas como el autismo, el insomnio o el síndrome de Tourette, la calidad de la evidencia sigue siendo insuficiente. El equipo de la Universidad de Sídney recalca que, sin un acompañamiento médico y psicológico robusto, el uso de cannabinoides en estos escenarios rara vez encuentra una justificación clínica válida. En el caso particular del autismo, los hallazgos deben tomarse con cautela debido a la diversidad de experiencias y síntomas que presenta cada individuo.
Existen otros campos donde la ciencia sí ha validado la utilidad terapéutica de ciertos derivados de la planta con mayor claridad. Se han observado resultados positivos en la reducción de convulsiones ligadas a tipos específicos de epilepsia, así como en el manejo de la espasticidad en pacientes con esclerosis múltiple y el alivio de ciertos dolores crónicos. No obstante, su efectividad no es universal para todos los problemas de salud física y sigue requiriendo una supervisión profesional estricta para evitar complicaciones secundarias.
En lo que respecta a las adicciones, el cannabis medicinal presenta resultados contradictorios según la sustancia que se intente combatir. Si bien puede ofrecer ayuda para tratar la dependencia al propio cannabis, los datos muestran que podría incrementar el deseo de consumo en personas con adicción a la cocaína. Esta ambigüedad refuerza la necesidad de una regulación mucho más estricta en la prescripción de estos compuestos, asegurando que los profesionales tomen decisiones basadas exclusivamente en evidencias contrastadas para minimizar daños.
El auge en el consumo de cannabis con fines médicos es notable en países como Australia, Estados Unidos y Canadá, donde una parte significativa de la población lo utiliza para automedicar problemas de salud mental. Ante este crecimiento acelerado de las ventas, los científicos instan a las autoridades y al personal sanitario a priorizar la seguridad del paciente. El objetivo principal debe ser garantizar que las personas reciban terapias que realmente funcionen y no productos ineficaces que podrían comprometer su estabilidad emocional.






























