21 de enero de 2026 – Moscú – EFE.
El mandatario ruso, Vladímir Putin, intervino en el debate internacional sobre la posible adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos, estimando que el valor de la isla podría oscilar entre los doscientos y los mil millones de dólares. Durante un encuentro con su Consejo de Seguridad, el líder del Kremlin analizó la situación basándose en la superficie del territorio ártico y en comparaciones económicas con transacciones territoriales del pasado.
Para establecer estas cifras, Putin tomó como referencia la venta de Alaska que el Imperio Ruso realizó a favor de Washington durante el siglo diecinueve. Según su análisis, si se ajusta el valor de aquella operación a las dimensiones de Groenlandia, el precio base se situaría cerca de los doscientos cincuenta millones de dólares, aunque la cifra podría elevarse considerablemente si se considera el valor histórico y actual del oro.
El presidente ruso recordó que su nación posee una experiencia histórica única en este tipo de acuerdos debido a la entrega de Alaska al zar Alejandro segundo por poco más de siete millones de dólares de la época. Asimismo, aprovechó su intervención para señalar el pasado colonial de Dinamarca sobre la isla, describiendo el trato hacia dicho territorio como estricto y falto de consideración a lo largo de los años.
A pesar de sus estimaciones financieras, el jefe de Estado ruso afirmó que este es un asunto que no afecta directamente a los intereses de su país y mostró confianza en que las autoridades danesas y estadounidenses lograrán establecer un pacto. Sus declaraciones coinciden con los recientes comentarios del presidente de Estados Unidos en Suiza, quien calificó las gestiones actuales sobre la isla como un proyecto sumamente positivo.
Desde la perspectiva de Moscú, los funcionarios han evitado emitir críticas negativas sobre esta posible expansión territorial estadounidense, llegando incluso a cuestionar la soberanía absoluta de Dinamarca sobre la región. Esta postura parece estar vinculada a la expectativa de que un futuro reconocimiento de la propiedad de Groenlandia por parte de Washington facilite la aceptación internacional de las pretensiones territoriales de Rusia en otros conflictos.
Putin concluyó señalando que el interés de la administración norteamericana no es algo improvisado, sino que responde a una ambición con profundos antecedentes históricos que se remontan al siglo diecinueve y a ofertas posteriores tras la segunda guerra mundial. Comparó la situación con las críticas iniciales que recibió la compra de Alaska, las cuales con el tiempo se transformaron en un reconocimiento al valor estratégico de aquella decisión.































